.obmiL
/
0 Comments
Estaba en medio de la ruta, mis zapatillas mugrientas besaban el asfalto pidiendo un descanso y yo aún seguía caminando sin destino. Un bondi a lo lejos se acercaba a paso de jubilado mientras el atardecer se mezclaba con el óxido del colectivo. Rechinaron los frenos y las puertas se abrieron, cuando ya me dí cuenta estaba por sentarme en el único asiento que quedaba libre. Apoyé mi cabeza en la ventanilla y mis pensamientos salieron a pasear, a imaginar y por qué no a enredarse un poco más.
Para mí los colectivos no son medios de transporte solamente, transportan historias también, siempre quise subirme a un bondi lleno a preguntar la historia de cada uno. ¿Si fueras una canción como sonarías?
Cada vez que beso tu piel escribo una historia nueva, o mejor dicho, escribimos. ¿Nuestra piel está llena de hojas escritas? ¿Las cicatrices son páginas arrancadas? Siempre me lo pregunté.
Viví para borrar, desmemorizar y sepultar todo recuerdo ingrato, me hundí en el lago más profundo donde los propios peces se pueden ahogar. Me mentía a mi mismo que quería nadar cuando en realidad lo único que quería era inundar mis pulmones, rellenar mis lagrimas y bautizar mis ganas de morir.
Y no todas las despedidas son dolorosas, algunas llegan a aliviarnos, como a mí.
Se bajó del bondi y al mismo tiempo un sonido desgarrador se escuchaba en un hospital.
Y no todas las despedidas son dolorosas, algunas llegan a aliviarnos, como a mí.
Se bajó del bondi y al mismo tiempo un sonido desgarrador se escuchaba en un hospital.

